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Champagne Ice Impérial

  • Fresco
  • Sabroso
  • Intenso

Ice Impérial es el primer y el único champagne especialmente creado para disfrutarlo con hielo. Una nueva experiencia que combina sensaciones divertidas, frescas y libres pero siempre fiel al estilo Moët & Chandon, que se distingue por su fruta viva, su paladar seductor y su madurez elegante.

 

COUPAGE

El perfil de los vinos para el coupage se ha elegido minuciosamente según su aportación específica:

 
SOBRE TODO, PINOT NOIR
40-50 %, vinoso y angular, por su intenso sabor frutal y su estructura; es la base de la dosificación
PINOT MEUNIER
30-40 %, pleno y carnoso, por una sensación rica y fundente en el paladar medio
CHARDONNAY
10-20 % para un fin de boca refrescante

Del 20 % al 30% son vinos reserva seleccionados para mejorar el coupage y completar su intensidad, riqueza y constancia.

Dosificación: 45 g/litro

NOTAS DE CATA

Color denso

  • Oro profundo
  • Toques ámbar

Bouquet intenso, afrutado

  • Potente aroma de fruta tropical (mango, guayaba)
  • Suntuosidad de frutas con hueso (nectarina)
  • Original nota de frambuesa

PALADAR GENEROSO QUE UNE REDONDEZ Y FRESCURA

Sabor amplio, carnoso y voluptuoso de macedonia fresca

Dulzura cautivadora de caramelo y membrillo

Acidez refrescante de la uva y notas de jengibre

Guayaba
Mango
Nectarina
Perfect serve
1

Pon la botella en una cubitera para champagne, llénala de hielo y añade agua. Déjala en la cubitera un mínimo de 15 minutos antes de servir.

2

Saca la botella, sécala con suavidad y retira con cuidado el precinto negro.

3

Afloja el alambre sin retirarlo completamente mientras mantienes el corcho en su sitio con el pulgar.

4

Agarra la base de la botella y desenróscala suavemente del corcho (en lugar de desenroscar el corcho de la botella). Retira el corcho con cuidado.

5

Llena las copas hasta los dos tercios. Primero las damas, por supuesto. Y disfruta viendo a tus invitados disfrutar con la magia de Moët.

« Como ocurre con su champagne, cuando el señor Moët entra en una habitación desaparece el aburrimiento. »
Frase atribuida a un coetáneo de Jean-Remy Moët